África en Madrid: El Rey León

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La Gran Vía de Madrid hace honor a su nombre: es el corazón de la capital, siempre repleta de gente,  coches,  luces,  ruido…en definitiva, de vida. Miles de personas pasan a diario por delante de sus  tiendas, restaurantes…y teatros. El Teatro Lope de Vega  es uno de los más grandes y llamativos: en su entrada luce un gran letrero con la cabeza de un león…el rey león.

¿Quién no recuerda la muerte de Mufasa, y a Timón y Pumba? Si un musical pretende traer a Madrid a Simba y compañía y dejarnos un buen sabor de boca, tiene que rozar la perfección. El musical del Rey León nace en 1994, el mismo año que la película de Disney. Desde entonces no ha parado de dar vueltas por el mundo y, por fin, llega a Madrid. Y lo hace con la intención de conquistar, una vez más, a miles y miles de personas.

Va a comenzar la función: dentro del teatro la gente está impaciente, hace meses que compraron su entrada y por fin ha llegado el gran día, el día  del espectáculo. En el público se ven personas de todas las edades: niños, adultos, ancianos…incluso un grupo de veinte o treinta estudiantes adolescentes andaluces. Las luces se apagan y una voz pide silencio por megafonía. Suenan los tambores… dos percusionistas, uno a cada lado del escenario, tocan con una habilidad que nos deja a todos estupefactos.

“Laaaa cigüeña….” una potente e insólita voz femenina empieza a entonar la famosa canción: se trata del mono “Rafiki”. Un sol gigantesco comienza a amanecer al fondo del escenario. Empiezan a salir animales de todas partes: gacelas, jirafas, guepardos, cebras, elefantes. Todos los animales tienen su tamaño real. La música, las luces, los disfraces…todo es impactante: el público entero vibra de emoción.

Los bailarines se funden con los animales como si fueran uno solo: se mueven con la velocidad y la armonía apropiadas para cada uno de ellos. Pájaros vuelan entre las gradas, elefantes gigantescos recorren los pasillos hasta subir al escenario: apenas han transcurrido tres minutos desde el inicio del espectáculo, y el musical ya ha seducido a todo el público. Las palabras son insuficientes para describir la belleza de este momento: colores, disfraces, baile, música.

Tras este espectacular arranque, el musical transcurre por la misma línea: no hay ni un solo momento para aburrirse. Sin embargo, a pesar de tratarse de un musical, es más impresionante la escenografía que la música y se echan de menos algunas de las canciones de la película de Disney. En cuanto a la interpretación de los actores, hay que destacar la de los niños –Nala y Simba-, que es exquisita. Lo más mágico de este musical es que nos trae África a Madrid: la energía de los bailarines, los colores de sus vestidos y la alegría que transmite cada canción.  Al menos, una cierta visión de África desde la emoción,  la fascinación y la fantasía

Los momentos de la historia más difíciles de representar en un escenario están muy bien resueltos: la muerte de Mufasa es uno de ellos, y es absolutamente realista. Unos hilos invisibles permiten la caída a cámara lenta del actor, que acompañado de efectos de luz y sonido retrata a la perfección el momento clave de la obra. El musical también incluye momentos de diversión: Timón y Pumba se encargarán de hacernos reír, igual que en la película. El tono del musical es el mismo que el de la famosa película de Disney, pero tiene su propia personalidad: desde las bromas de Timón y Pumba hasta la letra de algunas canciones introducen novedades que hacen este espectáculo único e irrepetible. En todo momento el público vive la obra desde dentro, atento a cada detalle y admirando su maestría.

En definitiva, la ingente cantidad de trabajo que se esconde tras este musical es la que ha conseguido hacer de él una obra maestra: nadie puede resistirse a la  conquista.

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Por Diana Jennen

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Una respuesta a “África en Madrid: El Rey León

  1. Lo vi hace ya algunos meses y para mí lo mejor con diferencia es el arranque, el primer número musical, que es brutal y envolvente. Fue una sorpresa que se salieran del escenario para contagiar de una forma tan completa al público, y visualmente es fascinante, enriqueciendo lo que ya ofrecía la gran película de Disney. Aunque quizá sea algo muy personal por la adoración que tengo por el filme, a mí no me terminaron de convencer algunas de las canciones propias del musical. Las veía con un tono diferente, aunque también es verdad que para mí las canciones de Elton John y la música instrumental de Hans Zimmer son tan memorables que cualquier añadido tiene el riesgo de ser una intrusión… Pero una maravilla de musical, merece muchísimo la pena…

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