Psicología rápida de las redes sociales

Emile Durkheim definía un “hecho social” como aquel modo de hacer que es exterior al individuo y que se le impone. Un “hecho social” es asimismo un comportamiento general en la extensión de una sociedad dada, y al mismo tiempo que posee existencia propia, es independiente de sus manifestaciones individuales. Podemos analizar las redes sociales como “hecho social” de forma innegable, ya que es un comportamiento repetido en la sociedad de forma extendida, y el individuo que se reniega de ello es condenado y está considerado un inadaptado. Cualquiera que no forma parte de éste sistema actualmente “se está perdiendo algo”. Sin embargo, ¿qué factores son los que podrían disuadirnos de mantener relaciones de forma habitual por la vía de las redes sociales?

En primer lugar, la espontaneidad de una reacción se pierde en el contacto chiste_redes_sociales1escrito, dónde todo está medido, y dónde se cuenta con un tiempo de reacción suficiente para perder el factor humano de un trato natural. Asimismo, el nerviosismo del contacto directo desaparece, y se dicen cosas que en ocasiones normales requieren ciertas dosis de valor. Se anulan cierto tipo de capacidades sociales que han de desarrollarse mediante las relaciones interpersonales, así como se ven mermadas las capacidades de resolución de conflictos por la vía de la interactuación en tiempo y lugar reales. El anonimato es asimismo otro de los factores que estimulan la posibilidad de no hacerse responsable de lo que se dice o se publica.

El esfuerzo por interactuar desaparece en cuanto se tiene otra opción más sencilla, en especial en edades más tempranas, cuando el desarrollo es más costoso, aunque absolutamente necesario de cara a necesidades y habilidades sociales futuras. Se crea una falsa ilusión, sólo apariencia, lo que se aspira a ser y lo que se desea mostrar a la gente. Se ofrece una versión idealizada de la personalidad, como un auto-marketing. Las mujeres suelen tener más tendencia a dar una “mejor versión de sí mismas”, a través del retoque fotográfico u otros recursos. Se persigue con ello aumentar el número de pareja potenciales, mejorar la percepción de sí mismos y por ende su estatus social, además de intentar satisfacer necesidades socio- afectivas. En cuanto a las características personales, se persigue la difusión de ideas y gustos propios, con cierta tendencia a  “encubrir” algunas de características personológicas. Esto podría entrañar algún peligro para las personas influenciables, en el sentido en que a fin de perseguir el objetivo de integración mencionado son capaces de aceptar mensajes e ideologías contrarias a su forma habitual de pensar.

Si bien es cierto que estas son características que pueden encontrarse en los usuarios que frecuentan las redes sociales, hay que tener en cuenta que la red es tan variopinta y compleja como lo es el mundo real, ya que detrás de cada pantalla hay una persona única con intereses, deseos y expectativas individuales.

En cualquier caso, todo lo anterior no es síntoma de adicción a las redes sociales, puesto que esto es algo que afecta sólo al 6% de la población. El perfil del adicto a las redes sociales es el siguiente: Se encuentra en un rango de edad entre 15 y 20 años, y los síntomas son los mismos que para otras adicciones, como drogas o alcohol, definidos por gente que, “o bien no tienen una percepción clara del riesgo, o bien tiene una baja autoestima, o bien está pasando una situación coyuntural complicada, como estrés, un desengaño amoroso o dificultades en los estudios”.  Esta escasa percepción del riesgo que tienen los jóvenes es consecuencia de la falta de salidas que la sociedad ofrece y el miedo al fracaso personal.

Por otro lado, algunos expertos defienden que las redes sociales potencian la inclusión y el intercambio entre personas, que forman parte de la globalización y que potencian el flujo de información. Son una forma de comunicación entre iguales donde se reúnen intereses de muy diferente índole, se favorece el intercambio y la construcción de un imaginario común. Teniendo en cuenta pues lo anterior, podemos determinar que las redes sociales son una herramienta, y en ningún caso un medio de vida. Deberían ser utilizadas para potenciar ciertos aspectos y capacidades en lugar de anularlas y sobre todo mantener una visión sana de las mismas, aceptando sus ventajas y sin caer en sus comodidades excesivas.

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